20 oct. 2017

Historia cubana del miedo

Enrique Del Risco acaba de publicar El compañero que me atiende, un libro que —según sus editores— también pudo llamarse “historia cubana del miedo. El miedo de vivir (y sobre todo, de escribir) rodeado de un ejército de policías, agentes encubiertos, colaboradores y simples soplones encargados de pastorear las almas descarriadas de los cubanos, sean escritores o no”.
Eso me hizo pensar en todos esos compatriotas míos que siguen cargando con su terror aun cuando están bien lejos de Cuba y su viciosa realidad. Siempre tienen una excusa para justificar sus omisiones, sus silencios o su inquebrantable manía de mirar para otra parte.
A veces dicen que no hablan de Cuba porque eso es perder el tiempo, otras que no les interesa la política (lo cual es falso, porque nunca pierden la oportunidad de criticar a las democracias) o, cuando ya no pueden más, bordan sus inconformidades para que permanezcan siempre en el límite de lo admisible.
Hoy mismo me compraré el libro de Enrisco. Seguramente me ayudará a seguir venciendo mis propios miedos y a no callarme. Cuba, al menos para mí, ya es un caso perdido; pero me gustaría pensar que es recuperable para la generación de nuestros hijos o la de nuestros nietos, con esa ilusión en mente, trato de no quedarme callado nunca.

16 oct. 2017

La mata de salvia

Mi abuela Atlántida tenía una vieja mata de salvia. Estaba detrás de la casa, en la cerca del andén del ramal Cumanayagua,  justo debajo de la ventana de la cocina. Nunca supe si nació allí o fue ella quien la sembró. Cuando un gajo de la mata de magos filipinos le daba sombra, mi abuelo Aurelio se resistía a cortarlo.
“Viejo, yo sé que a ti te gustan mucho esos mangos —reconocía Atlántida antes de dictar sentencia—, pero tú sabes que a mi mata no le gusta la sombra”. Atlántida resolvía buena parte de nuestros males con aquella planta: fiebres, afecciones de la garganta, corrientes de aires....
De Niño, dormí muchísimas veces con hojas de salvia en cruz en la planta de los pies, dentro de las medias.  En cuanto amanecía, lo primero que hacía Atlántida era revisarlas. “¡Mira eso —me decía siempre con el mismo asombro— están tostadas, eso quiere decir que ya te vas a poner bien!”.
En la Loma de Thoreau ya tenemos nuestra mata de salvia. La conseguimos con Pichón, un haitiano que cuida un vivero en La Vega. A veces, cuando paso cerca de ella, machuco una de sus hojas entre mis manos, la huelo y pienso en Atlántida. 
Aunque no tenga nada, sé que algo me cura; solo su olor y las cosas que me recuerda.

15 oct. 2017

Llegada de un tren a la estación de La Ciotat

Me hubiera gustado estar
entre los primeros
que vieron llegar el tren
a la estación de La Ciotat.
Salir corriendo,
contigo de la mano,
en busca de alguna salida
a la noche de 1895.
Piensa otra vez
en aquellos 50 segundos
en el Grand Café de París.
El andén bañado por el sol,
la gente que va y viene
sin que podamos oírles,
la máquina que se acerca
con un silencio aterrador.
Me hubiera gustado
estar contigo ahí,
asegurarme
de que no te soltaras
de mi mano,
besarte cuando
estuviéramos a salvo
y, finalmente,
reírnos
de nosotros mismos,
burlarnos
de nuestro miedo
a la poesía del cine,
ese increíble invento
que anoche tampoco
te dejó dormir.

11 oct. 2017

Los sobrevivientes

Hace unos días, mientras le echaba gasolina a nuestro Jeep, un joven dominicano se aseguró de que Diana no lo escuchara y me preguntó cuántas venezolanas me "había dado". Cuando le dije que ninguna, puso cara de asombro. "Pero si están que lo dan hasta por una cena…", respondió desconcertado.
Al día siguiente, leí una entrevista a dos prostitutas venezolanas. Eran muy jóvenes. Una estudiaba arquitectura en Caracas, la otra quiere volver a estudiar mercadeo. Dejaron atrás todo: su familia, sus amigos, su cultura. “Lo único que yo pido es recuperar mi dignidad”, dijo al final una de ellas.
“Es increíble cómo Chávez destruyó a ese país”, me comentó un amigo en un semáforo, mientras un venezolano tragaba fuego delante de nosotros. “Sí –le respondí—, el chavismo también imitó al fidelismo en eso: ahora Venezuela es un país de sobrevivientes”.
 Por eso los jóvenes se ven forzados a marcharse, a hacer malabares o prostituirse, a vivir sin esperanza ni futuro. Hasta ahora, todas las revoluciones que se ha hecho en nombre de los que menos tienen lo único que han logrado es que nadie tenga nada, la mayoría de las veces ni dignidad.

9 oct. 2017

No dejo de pensar en ella

Ayer, mientras hacía el primer Bustelo del día, sentí unos pequeños golpes en los cristales más altos de la cabaña. Una mariposa se había quedado atrapada la tarde anterior y, en vano, trataba de volver al campo. Busqué una escalera. Cuando logré atraparla, la llevé hasta la terraza y la liberé. 
No se movió hasta que logré hacer foco sobre ella con mi iPhone. En total le hice cinco fotos. En dos de ellas, hechas en el modo Live, mueve ligeramente las alas. Como el café empezaba a subir, tuve que despedirme. Inmediatamente voló en dirección al palo amarillo. 
Hoy debe de estar disfrutando de la Loma, sobre todo de las flores de su mismo color que sembramos alrededor del andén del parqueo. Mientras me dirijo al lunes laboral, oigo la banda sonora de Paris, Texas
No dejo de pensar en ella, en las circunstancias en  que nos conocimos, en el momento exacto de la despedida. Ry Cooder no para de tocar.

Ernesto Guevara mira al pajarito

Un día como hoy, hace 50 años, Ernesto Guevara miró al pajarito y sonrió. Posaba para su última foto con vida. Tenía las manos y los pies atados, estaba herido. El corresponsal de El país en Miami, Pablo del Llano, le pide a un testigo de excepción, el agente cubano Félix Rodríguez, que reconstruya los hechos.
“En ese momento, honestamente, no tenía la percepción de lo que estaba ocurriendo, la magnitud que tenía esa operación —confiesa Rodríguez—. Para mí era una operación más. Para mí el Che Guevara no era la gran cosa, no era la figura que fabricó después Cuba”.
Cuando llegó la orden del presidente boliviano de que ejecutaran al prisionero, a Rodríguez le dieron de plazo hasta las 2 de la tarde para que lo interrogara. Hubo un momento en que hablaron de economía y Guevara culpó al embargo norteamericano del desastre cubano.
“Comandante, usted fue presidente del Banco de la Nación y ni siquiera era economista”, reclamó Rodríguez. “¿Tú sabes cómo llegué a presidente del Banco? —le respondió el Che— Un día entendí que Fidel estaba pidiendo un comunista dedicado y levanté la mano. Pero estaba pidiendo un economista dedicado”.
El piloto boliviano Jaime Niño de Guzmán interrumpió el interrogatorio con una cámara Pentax. “Mi capitán, el mayor Saucedo quiere una foto”, dijo. Justo antes de que el piloto accionara el obturador, Rodríguez le pidió al prisionero que mirara al pajarito.
Ernesto Guevara cometió muchos errores de cálculo durante toda su vida, sobre todo cuando fue presidente del Banco Nacional y ministro de Economía de Cuba. Pero el más grave de todos fue creer que valía más vivo que muerto, quizás por eso sonrió con el chiste del pajarito.
La foto de Jaime Niño de Guzmán nunca ha sido reproducida en vallas, camisetas, platos, portavasos o ceniceros.

4 oct. 2017

El 'toque' del dictador

El dictador Fidel Castro fue un pésimo gobernante, tanto, que su legado se reduce a una nación en ruinas económicas y sociales. Sin embargo, era un gran comunicador —¡uno de los más grandes!— y un verdadero maestro en el arte de bordar eufemismos, usando las palabras perfectas para simular una realidad en la que todos creyeran.  
El día que le dijeron que en el Escambray habían rebeldes alzados, su reacción fue un mensaje clave: "¡Rebeldes somos nosotros, lo que hay en el Escambray son bandidos!". Así nació la "Lucha Contra Bandidos", el disfraz mediático más eficaz para la deslegitimación de los adversarios en una guerra civil
Hoy, quien más le echa de menos a Fidel son las comunicaciones del régimen. No solo han perdido el 'toque' del dictador, sino que cometen errores impensables en él. Una prueba de ello es la Declaración del Ministerios de Relaciones Exteriores que publica Granma
Antes, los verbos "atacar" y "perpetrar" se usaban exclusivamente para conjugar al enemigo. Incluirlas en un titular como parte de una declaración de principios, es una pifia que el Comandante en Jefe jamás se hubiera permitido.
Juanita Castro confesó una vez que su hermano Raúl soñaba con ser locutor de radio. Eso puede explicar muchas cosas de las que están pasando en el gobierno del general. Falta el libretista; aun cuando sepan lo que quieren hacer, ya no saben cómo decirlo.

3 oct. 2017

Escrito en el muro de Facebook por Renay Chinea

Como mi hermano Renay Chinea —a quien suscribo y sigo siempre, con los ojos cerrados, aun en las poquísimas ocasiones en las que no estoy de acuerdo con él— está dolido conmigo porque no he fijado mi posición respecto al tema catalán, aquí lo hago.
No lo hice antes porque no soy catalán, no vivo en Cataluña y tengo gente muy querida en ambos bandos, a los que por nada del mundo quisiera herir. Me queda otra excusa: muchas de las opiniones que se han dado desde afuera me parecen repugnantes; como la de Silvio Rodríguez, quien vive en uno de los países más oprimidos del mundo y se la pasa exigiendo libertades para terceros.
Detesto los nacionalismos. Incluso si llegara el día de la reunificación de Las Villas y mis coterráneos decidieran separarse de Cuba o en el hipotético caso de que el Cibao tratara de independizarse de República Dominicana, me abstendría de jurar por esos sentidos de mi pertenencia. Como Drexler, prefiero cualquier quimera a ese trozo de tela triste que es siempre una bandera. 
El nacionalismo y, sobre todo, el patrioterismo, me parecen una farsa muy lamentable y peligrosa que solo ayuda a los que no tienen argumentos reales para mantenerse en el poder o llegar a él.
Por instinto de conservación y, sobre todo, por experiencia, desconfiaría de cualquier alianza que involucre a individuos de la calaña de Pablo Iglesias, esos que sin ningún tipo de pudor ni estómago eligen sus muertos, sus reprimidos y sus derechos. 
Todos los muertos y todos los reprimidos deben importarnos lo mismo, como los derechos tienen que ser los mismos para todos. A los 50 años, pocas cosas me asquean más que la doble moral (debe ser porque nací y crecí en una dictadura, la de Cuba, donde es moneda corriente).
Mariano Rajoy es, junto a Pablo Iglesias, el resultado de la gran decadencia en la que se encuentra hoy la política española y su gestión de la crisis de Cataluña es vergonzosa y, sin duda alguna, criminal (no tiene que haber muertos para que se cometan crímenes).
Creo que se debería convocar a un referéndum legal y, si lo ganan los independentistas, declararse la independencia de Cataluña. Si se impone la permanencia en España, también debería respetarse... ¡y honrarse!