24 may. 2018

El avión de la puerta A6

Ayer Diana Sarlabous y yo volvimos al aeropuerto de Las Américas. Cuando llegamos al portal del VIP Lounge, la pasarela de acceso de la puerta A6 nos quedó justo enfrente. Allí vimos semanas atrás a una aeronave azul y blanca cuyo deplorable estado llamaba la atención de todos.
Primero supimos que aquel Boeing 737-200 cubría un vuelo regular de Cubana de Aviación. El día del accidente en Rancho Boyeros, nos enteramos que era propiedad de Global Air, una cuestionada compañía mexicana. Ayer comprobamos que se trataba justamente del XA-UHZ.  
—El avión que se cayó en Cuba vino muchísimas veces a Santo Domingo —nos aseguró un empleado del aeropuerto—. A ninguno de nosotros nos tomó por sorpresa lo que ocurrió. Ese aparato ya no daba más... era una cuestión de tiempo.
Los Boeing 737-200 son aeronaves obsoletas que necesitan mucho mantenimiento, consumen demasiado combustible y generan una gran contaminación. Es por eso que la mayoría de los que aún operan han sido relegados al transporte de carga o a misiones militares. Cubana de Aviación no tomó en cuenta nada de eso a la hora de rentarlo. 
El transporte de personas en vehículos de carga es una práctica común en Cuba. La inmensa mayoría de los coches que llevan los trenes de pasajeros, son casillas de mercancías con asientos y (a veces) ventanillas. Los célebres camellos eran remolques adaptados. 
En los cada vez más frecuentes accidentes que ocurren en las carreteras de la Isla, casi siempre hay involucrados camiones de carga llenos de personas. La seguridad en el transporte no es una prioridad para la dictadura, tan ocupada como está en controlar y reprimir.
Es por eso que me apena y me entristece que algunos compatriotas confundieran las críticas a la inoperancia del régimen con odio político. En los países libres, cuando ocurre una tragedia así, una de las primeras reacciones de los ciudadanos es exigir responsabilidades. 
Llama poderosamente la atención que, a pesar de que el avión cayó a solo metros del aeropuerto, en una zona descubierta y de fácil acceso, aún no aparezca la caja negra que contiene los datos técnicos y —sobre todo— las respuestas a todas las interrogantes sobre la tragedia. 
No es odio, es obvio. Lo verdaderamente odioso es que el bienestar, la esperanza y la vida de los cubanos valga cada vez menos para una dictadura que, 59 años después de instaurada, solo prodiga miseria y oprobio.  

Mis perros han vuelto

Quino I, el incansable vigía de la estación
de ferrocarril del Paradero de Camarones.
He tenido muchos perros,
algunos con nombres
repetidos.
Les he criado
a cielo abierto
o en los espacios
más asfixiantes.
Han seguido 
detrás de mí incluso
cuando yo 
ya no tenía a dónde ir.
Aunque mis perros han sido 
mucho más fieles 
y valientes que yo, 
nunca me lo sacaron en cara.
Lamieron mis heridas
y esperaron a mi lado
a que sanara.
Jamás me abandonaron,
ni siquiera
en los dos o tres momentos
en que me he dado por vencido.

Laika, Shadow, Quino, Tristán,
Van Gogh, Quino otra vez,
House, Laika de nuevo,
Dino Buzzati y Jack London:
no pierdan el rastro
que dejamos en la tarde,
no suelten a la noche
una vez
que la hagan su presa.
No nos separemos hoy,
miren que estoy solo
y la neblina ha vuelto.
He tenido muchos perros
y esta noche de lluvia
los ha traído de regreso a todos.
Están echados 
delante del silencio.
Esperan mi señal.
Aunque nunca 
me lo sacarán en cara,
ellos saben que tengo miedo.

23 may. 2018

Luis Posada Carriles

Luis Posada Carriles fue uno de los más tenaces y temerarios luchadores contra la dictadura de Fidel Castro. Para muchos no era más que una bestia. Esa mala reputación se la ganó por estar acusado de atentados terroristas y por la incansable gestión de la maquinaria de propaganda del régimen.
Nada de eso logró que se diera por vencido. Ni siquiera lo hizo en septiembre de 1989, cuando sobrevivió a un atentado en Guatemala. El plan consistía en secuestrarlo y, una vez que llegaran con él a la frontera de México, conducirlo en un avión desde Tapachula hasta La Habana.
Un agente cubano le pagó 40 mil dólares a un grupo de militares guatemaltecos para que llevaran a cabo la misión. Tres meses después, Fidel Castro se desesperó y desistió de la complicada idea del secuestro. Dijo que se conformaba con su eliminación física. 
Tampoco lo lograron. Posada Carriles se batió a tiros con sus atacantes y, ya gravemente herido, logró vencerlos. Las cicatrices que dejaron los disparos en su rostro (una bala atravesó su mandíbula), contribuyeron a subrayar la caricatura que la dictadura promovía. 
Ninguna causa justifica ataques a civiles ni la muerte de inocentes. Eso es aborrecible. Como también lo es ignorar que hoy ha muerto un hombre que, en su lucha por la libertad de Cuba, nunca le quitó el pecho a las balas. Toca ahora a los cubanos poner su nombre en su justo lugar.

22 may. 2018

Postcard

Así éramos, en esa luz nacimos.
Nuestras noches
se hacían responsables
de alumbrar 
todos esos portales.
En esos bancos
se sentaban 
los bohemios,
vestidos de dril cien,
a ponerle música
a nuestra respiración.

Aunque luzca irreconocible
o claramente ajena,
esa es la ciudad
que teníamos
antes 
de que todo 
lo que creemos ser
se acabara
o, peor aún,
se convirtiera
en una vieja postal,
en la prueba
que enseñamos
para que nos crean
cuando decimos
que así éramos,
que de esa luz salimos.

Como en las novelas de Faulkner, Capote y McCullers

De nuestro más reciente viaje a la Florida, traje tres pequeñas posturas de pino ellioti. Sus posibilidades de supervivencia eran mínimas. Se pasaron más de un día sin tierra ni aire, encerradas herméticamente en un Ziploc. 
Le regalé una postura a Mario García Haya y otra a Mario Dávalos, mis hermanos en República Dominicana. No he vuelto a saber de ellas. Pero a la que sembré en la Loma de Thoreau le ha encantado el clima de la Cordillera. 
Ya puedo decir que en nuestro jardín, como en los paisajes que se describen en las novelas de Faulkner, Capote y McCullers, hay un pino ellioti.

21 may. 2018

Cuba tiene las alas rotas

Hace unas semanas Diana Sarlabous y yo volamos a Miami desde el aeropuerto de Santo Domingo. Justo al lado de nuestro avión, había una aeronave destartalada que llamaba la atención de todos. El aparato era antiquísimo y se apreciaba a simple vista que estaba en pésimo estado.
—¡Qué Dios acompañe a los que tengan que viajar ahí! —exclamó una señora persignándose.
—¿Y de dónde es esa vaina?—, preguntó alguien.
—Creo que es de Cubana—, respondió otro.
Diana y yo nos miramos y bajamos la cabeza, preferimos no hacer ningún comentario. En nuestro vuelo tuvimos que sortear una tormenta. Aterrizamos en Miami después de tres intentos. Ya en tierra, el capitán pidió excusas. “Solo intentaba hacerlo de la manera más segura”, dijo.
Cuando supimos que un vuelo de Cubana se había desplomado unos segundos después de despegar en el aeropuerto de Rancho Boyeros, Diana y yo recordamos al avión que vimos en Las Américas. Con las primeras imágenes comprobamos que tenía la misma pintura. Es muy probable que fuera el mismo aparato.
El sábado leí esta reacción de Luis Alberto García en su muro de Facebook: 
No esperan los resultados de las cajas negras del avión, no escuchan que la nave no era cubana, que la tripulación era mexicana. Que era un aparato rentado. No quieren oír. No les sale de su culo oír. 
“El desgobierno cubano es el culpable del accidente”, dicen.
¿Si se cae un avión americano, es culpa del desgobierno americano?
¿Si cae uno de Francia, es la cúpula tiránica gala la culpable?
¡Vayan al médico!
Otro querido amigo, pedía que no mezclaran la política con el dolor. Ni una cosa ni la otra. Creo que, en el momento en que se supo de la tragedia, el peor de los cubanos debió sentir exactamente la misma angustia que el mejor de todos nosotros (y dejo a cada quien la libertad para elegirlos).
Si Luisito accediera a los medios libres de Cuba, hubiera estado al tanto de la serie de reportajes que se han publicado en las últimas semanas sobre el caos en Cubana. Todos llaman la atención sobre el depauperado estado de los aviones que prestan servicios y la enorme corrupción que desangra a la compañía. 
Llegados a este punto, es importante recordarle algo a mi amigo actor: El “desgobierno americano” y la “cúpula tiránica gala” no operan aviones civiles, solo se aseguran de que las empresas privadas que lo hagan cumplan con las más estrictas medidas de seguridad. Cubana, en cambio, es una aerolínea estatal. 
De manera que, aun cuando el aparato y la tripulación fueran mexicanos, es el dueño de la aerolínea, es decir, el Estado cubano, el mayor responsable de la tragedia. Como lo es también de todas y cada una de las calamidades de la vida económica y social de Cuba.
Desde el viernes, en el corazón de todos los cubanos hay una bandera a media asta. Muchos, también estamos indignados y tenemos razones de sobra para estarlo. Cuba tiene las alas rotas, metafórica y literalmente, y el responsable de eso debería pagar por ello.