24 sept. 2017

Candelita

Junto a la terraza de nuestra cabaña, en la Loma de Thoreau, hay un pequeño monte. Cuando rompe el día y justo antes del anochecer, pueden verse muchas aves entre las ramas. Gracias a dos libros, uno sobre las de Cuba y otro sobre las de República Dominicana y Haití, he logrado identificarlas.
Ya sus voces me son familiares. Al más mínimo sonido, sé de quién se trata. Ayer en la tarde, mientras Diana servía un cocido (que, dicho sea de paso, le quedó delicioso), escuché un algo que nunca antes había salido del pequeño monte. Sonaba tal como lo describen los libros: tsit, tsit, tsit…
Empecé a buscar entre las ramas hasta que por fin di con el macho, que tiene la garganta y el pecho negro con parchos anaranjados en las alas, la cola y los costados. Con esa imagen en la cabeza me fui a las láminas y enseguida lo identifiqué. ¡Es inconfundible!
Tanto en Cuba como en República Dominicana le llaman Candelita. El Setophaga ruticilla vive y se reproduce desde el suroeste de Alaska y el sur de Labrador hasta Texas, Alabama y Carolina del Norte. A República Dominicana y Cuba llegan las hembras en septiembre y los machos en octubre.
Cuando le comenté mi hallazgo por chat a Mario Dávalos, me hizo notar que este año los machos se han adelantado. ¿Los habrán alertado los huracanes Irma y María?, me pregunté. Traté de hacerle una foto, pero ya había oscurecido demasiado y él estaba muy inquieto, como si aún se estuviera adaptando a su nueva residencia.
En todo el Caribe solo hay documentados dos nidos, uno en Camagüey y el otro en La Habana. Aunque es improbable que hagan un nido aquí, les deseo una feliz estancia en la Loma de Thoreau. Es por eso que le doy la bienvenida en todos sus nombres: Ti Tchit demidè, Demi-deuil, Black-and-white Warbler… ¡Esta es tu casa, Candelita!

22 sept. 2017

Salvavidas de hielo

Al principio me pareció terrible que las tiendas de discos empezaran a desaparecer. El exilio está lleno de cosas tristes, pero uno de mis recuerdos más alegres que tengo del momento en que abandoné Cuba, fue el descubrimiento de Musicalia, la gran tienda de discos de Santo Domingo.
Los días 15 y 30, pasaba por Musicalia a comprarme un disco caro, uno barato y uno de oferta (Ahora caigo en cuenta de que, inconscientemente, repliqué el modelo de los tres juguetes: el básico, el no básico y el dirigido. Solo que en el socialismo me tocaba una vez al año y en el capitalismo, dos al mes).
Poco a poco, en la medida en que Musicalia se hacía más pequeña, mi iTunes crecía. Llegó el día en que ya dejé de usar los CDs (mi iBook y mi Jeep ya no tienen dónde reproducirlos). Todo mi ecosistema sonoro de pronto se convirtió en algo intangible, que solo podía verse a través de una pantalla.
Ahora, mientras andaba por Google Earth, buscando una rara estación cuya foto han subido en la página de Trenes de Cuba, recibí la alerta de que se me estaba descargado Salvavidas de hielo, el nuevo disco de Jorge Drexler. Una a una, las canciones fueron cayendo en mi disco duro.
Vengo de pasar la noche vigilando a un ciclón, estoy todavía en cama, saboreando el primer Bustelo del día y empiezo a oír "Movimiento", la genial canción con la que empieza el álbum. Los golpes de varias manos sobre varias guitarras me sacan de Alquízar, el punto de la Línea Oeste que sobrevolaba.
Entonces pensé que la vida moderna no es tan mala como uno a veces se imagina, que solo hay que aprender a convivir con ella de una manera responsable, como algunos tratamos de hacer con la naturaleza. Como Diana se está bañando y el ruido del agua al caer no la deja oírme, comparto esa idea con ustedes primero.

20 sept. 2017

TGM8

Desconozco la razón por la que el color naranja se convirtió en el distintivo de la industria azucarera en Cuba. El uniforme de Las Villas, mi equipo de béisbol, tenía un central bordado en la manga y era anaranjado hasta la altura del pecho. Por la fortaleza de sus bateadores, Bobby Salamanca (el más grande narrador que tuvimos) le puso “La Trituradora Naranja”.
Por mi casa, la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones, pasaban a diario decenas de tolveros en dirección a la Terminal de Azúcar a Granel de Cienfuegos. Desde la locomotora hasta el caboose estaban pintados de naranja. Cada vagón llevaba 60 toneladas de azúcar. Aunque estaban herméticamente cerrados, dejaban un empalagoso olor a su paso.
Ahora recuerdo aquellos trenes por los pitazos de sus locomotoras, las TGM8 de fabricación soviética. Melesio Monzoña, el carpintero de mi pueblo, era conductor de una de ellas. Gracias a él hice varios recorridos en aquellas máquinas.
Esa era unas de las ventajas de pertenecer a una familia de ferroviarios, los tripulantes de los trenes hacían ciertas concesiones conmigo. Mi primer viaje en la TGM8 de Mele fue de Cumanayagua a Camarones. Era el día del pase en la secundaria de El Nicho y cuando llegué a la estación supe que habían cancelado al Mixto, el tren de viajero que me llevaría hasta mi casa.
“¡Te vas conmigo, Camilito!”, me dijo Mele mientras pedía vía para su tren de arena extraída del río Arimao. Cuando pasábamos por Breña, la máquina arrolló a varios chivos que dormían en la línea. La cabeza de uno de ellos, como en las peores películas de terror, se mantuvo colgando de la defensa por kilómetros.
Años después, en el crucero del central Espartaco, volví a subirme a la locomotora de Mele para ir a mi casa. “¡Te vas conmigo, Camilito!”, me gritó mientras me hacía señas para que me subiera a la máquina en movimiento. Entonces, ni él ni yo sospechábamos que esa sería la última vez.
Ya no existen ni el ramal Cumanayagua ni el central Espartaco, pero de vez en cuando busco en YouTube los pitazos de las TGM8. Esa es mi manera de volver a viajar en la locomotora de Mele o de ver pasar los trenes de azúcar frente a mi casa.
A veces cierro los ojos y busco dentro de mí el empalagoso olor que dejaban a su paso.

18 sept. 2017

Mariposas

El arroyo Cercado es la colindancia entre Quintas del Bosque (donde está la Loma de Thoreau) y un monasterio cisterciense. Del lado de los monjes, toda la orilla está sembrada de mariposas. Las trajo de Cuba un religioso que vivió un largo tiempo en la isla.
Al principio, cada vez que Diana y yo bajábamos a la cascada, subíamos con algunas posturas. Luego Alito, nuestro jardinero, siguió sembrando las zanjas y los lugares más húmedos. Hoy, al cabo de todos los temporales que han caído, ya tenemos un enorme monte de mariposas.
Mi abuela Atlántida también tenía muchas en el patio de la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones. Todas las mañanas bajaba a cortar dos o tres puchas para ponérselas a sus muertos. Durante mi infancia, nunca le faltaron mariposas al recuerdo de José Mosteiro y María Góngora (los padres de mi abuela).
Luego, cuando mi abuelo Aurelio murió, también cortaba mariposas para su retrato. Las cambiaba al amanecer, mientras le ponía una tacita de café y le decía algo en voz muy baja. Nunca supe lo que murmuraba junto a la fotografía de mi abuelo.
Ahora, cada vez que bajamos de la Loma, Diana viene cargada de mariposas. Las pone junto a la Virgen del Carmen de madera que trajo de Guatemala. Desde entonces, las mañanas de El Bohío huelen igual que las de mi infancia. Le debo eso a las flores, a los rituales de mi abuela y al monje que las trajo de Cuba.
A todos ellos y a Diana les doy las gracias por la extraña felicidad que me acompaña cuando amanece, mientras el olor de las mariposas se riega por toda la casa.

14 sept. 2017

Orden de Vía Condicional

La mayoría de mis Yero fueron ferroviarios. Mi abuelo Aurelio y su amada Atlántida, mis tíos Aldo, Cary, Rafelito, Argelia y Eloy, mi madre y mis primos Ale, Lourdes, Alahím y Lazarita. Desde 1930 hasta 2012, tres generaciones de mi familia se dedicaron al movimiento de trenes y autorizaron con su apellido incontables viajes por el centro de Cuba. 
Empezando por mi abuelo, el primero, y terminando por Alahim, el último, fueron jefes en las estaciones de Camarones, Caibarién, Camajuaní, Sagua la Grande, Concha, San Fernando, Cumanayagua, San Andrés, San Juan, Cruces, Potrerillo, Jorobada, Mataguá, Perseverancia, Aguada, Rodas, Cienfuegos...
Esta Orden de Vía fue hecha por mi tía Titita (Argelia) en San Juan de los Yeras el 9 de octubre de 1989. La pidió uno de los carahatas que circulaban entre Ranchuelo y Mataguá. Ese ramal ya no existe, esa estación está en peligro de derrumbe, ese mundo (¡mi mundo!) ya desapareció. Esos trenes ya no vuelven.

13 sept. 2017

¿Dónde está Raúl Castro?

Diez muertos y la destrucción de toda la costa norte del país no ha sido suficiente. Raúl Castro sigue sin salir de su guarida. Esa es la razón por la que Diario de Cuba —desde una nota editorial— y millones de cubanos —desde el desamparo y la indignación— preguntan dónde está.
“Mientras el presidente de Francia, el secretario del Exterior de Gran Bretaña y el rey de Holanda visitaron el martes los territorios caribeños asolados por el meteoro, el general sigue sin dar la cara a los cubanos, a los que sí ha pedido ‘confianza en la Revolución’”, comenta la publicación.
Aunque Granma publicó un llamado al pueblo donde aseguraba que “la Revolución no dejará a nadie desamparado y desde ya se toman medidas para que ninguna familia cubana quede abandonada a su suerte”, miles de hogares que lo perdieron todo siguen sin recibir la más mínima ayuda.
A sus 86 años, el dictador cubano no está en condiciones físicas ni mentales de comandar la recuperación del país. Esa debe ser la razón fundamental por la que no lo sacan a la calle ni siquiera a proferir consignas o arengar un tumulto de acólitos.
Irma desnudó las miserias de la revolución y dejó en evidencia la ineptitud de sus líderes. Cuba ya se sabe incapaz de alcanzar la gloria que le habían prometido y, tal como vaticinó su Comandante en Jefe, se hunde en el mar… de sus propias ruinas.

11 sept. 2017

Con el agua al pecho

Encontré esta imagen en un muro de Facebook. Ilustra a la Cuba actual como pocas. En ella se aprecia muy bien ese país en ruinas que sobrevive de catástrofe en catástrofe, sin producir nada que lo haga avanzar en alguna dirección (cuando se está atascado cualquier movimiento es mejor que nada).
El mar, impulsado por el huracán Irma, ocupa las calles de La Habana. Parecería que no hay tiempo que perder; sin embargo, este grupo de habaneros juega a desperdiciarlo. Poco antes de dar con esta foto, leí un diálogo entre dominicanos. Comentaban “la gran disciplina del pueblo cubano”.
“Es admirable —dijo uno de ellos— todo lo que hace la revolución para minimizar el impacto de los desastres naturales”. Otro resaltó el millón de evacuados y hasta un grupo de actores que hicieron representaciones para que los refugiados disiparan el stress.
¿No es acaso Cuba una gran concentración de damnificados? El problema de los cubanos no son las tensiones de una tormenta, sino la paupérrima vida cotidiana que les espera tras su paso. Estuve tentado a compartir con ellos esta imagen, pero ese tipo de discusiones ya me hastía.
Mañana, cuando las aguas vuelvan a su nivel, se robarán algo, comprarán algo robado o —si tienen la suerte de tener un familiar en el exilio— llamarán para que les resuelva sus problemas.  Hoy el mar le da por el pecho, mañana será la realidad quien les provoque la misma sensación de asfixia.
Por eso no se les ocurre nada mejor que darle agua al dominó de sus vidas.

10 sept. 2017

El miedo también acabará derrumbándose

Mi solidaridad total con mis compatriotas, esos que no tuvieron la más mínima oportunidad de recuperarse de la catástrofe Fidel antes de enfrentar al huracán Irma. Cuba hoy es ruina sobre ruina y el régimen que la oprime hará bien poco por su recuperación, porque consume todas sus energías en reprimir a su pueblo y en sofocar todo intento de mejoría. 
Cuba ya se había quedado sin futuro antes de que Irma demoliera su presente. Ahora, como nación, solo nos queda la intemperie del pasado. Por eso dejo aquí mi solidaridad total con mis compatriotas que viven encerrados entre ciclones. Algún día esos muros dejarán de ser una amenaza, tanto para los de adentro como para los de fuera. El miedo también acabará derrumbándose.

22 ago. 2017

La hora del juguete dirigido

Los que fuimos niños en la Cuba de los años 70, solo teníamos derecho a tres juguetes al año: el Básico (costaba más de 6 pesos), el No Básico (de 2 a 5 pesos) y el Dirigido (inferior a 2 pesos). El orden con el que los núcleos familiares podían entrar a la tienda a comprar se decidía en un sorteo.
Esas son las mismas opciones que el país ha tenido con su destino desde 1959, solo que nunca le han permitido participar en un sorteo y ya es un anciano sin futuro ni deseos de seguir jugando. Alen Lauzán nos lo ilustra de una manera genial.

7 ago. 2017

Capitolio

Mi primo Lázaro Perez Venegas tenía un juego de Capitolio, es decir, la versión cubana del Monopolio. Cuando éramos niños y mi padre me llevaba a La Habana de vacaciones, nos pasábamos días enteros jugando. 
Aunque en la imagen no se puede leer el tablero, lo recuerdo de memoria: 
Salida/ Muralla/ Banca Comunal/ Cuba/ Impuesto/ Ferrocarril/ Águila/ Casualidad/ Monte/ Reina/ Cárcel/ Galeano/ Empresa Eléctrica/ San Rafael/ Neptuno/ Ferrocarril Occidental/ Belascoain/ Banca Comunal/ Infanta/ Carlos III/ Parqueo Gratis/ San Lázaro/ Casualidad/ Malecón/ Prado/ Ferrocarril del Sur/ 10 de Octubre/ Calzada de Luyanó/ Acueducto/ Vía Blanca/ ¡A la Cárcel!/ Avenida de los Presidentes/ Paseo/ Banca Comunal/ Quinta Avenida/ Ferrocarril Oriental/ Casualidad/ Miramar/ Impuesto de Lujo/ Biltmore.
Ahora solo me falta tirar los dados sobre la mesa, sobre esa Cuba imposible.

No coman cuento

Hace 17 años que vivo en República Dominicana y durante todo este tiempo mi sentido de pertenencia por este país no ha hecho más que crecer. Se lo debo a los increíbles dominicanos que me han tendido la mano al pasar y a lo que he hallado en mis caminos (han sido muchos). 
El sábado tuvimos que bajar a buscar a Ellen Pérez (comadre de Diana Sarlabous y una de sus amigas más queridas). Cuando volvíamos a la Loma de Thoreau, nos tocó ir detrás de una llovizna pertinaz y de este "delivery". 
Recuerdo que le dije a Diana que por cosas como esa yo amaba a este país. Entonces ella sacó el iPhone de sus cartera y, después de lidiar con la distancia y el enfoque, hizo eso esta foto.
Ya lo saben, si suben hasta Jarabacoa... ¡no coman cuento, coman queso Marte!

Dile algo al olor de los cipreses

No te dejes atemorizar
por ese enorme pájaro
que justo ahora
nos pasa por encima,
mientras sobrevuela
la casa, el bosque
y la neblina
donde por fin serás libre.

No permitas que su grito
aterrador
se clave en tu espalda.
Solo avanza despacio,
hasta que por fin 
alcances
la mejor vista del pueblo.
Dile algo al olor
de los cipreses
y piensa en todo
lo que tuvo que pasar
para que las cosas
llegaran a este punto.

No te dejes amedrentar,
ignora el peso
de su gigantesca sombra.
Si te fijas bien,
ahora eres tú
la que está
a punto
de empezar a volar.

2 ago. 2017

Cuba se detiene otra vez para que los cubanos no avancen

La dictadura de Cuba ha llegado a un punto que detesta que los cubanos disfruten cualquier tipo de bienestar, menos aún si llegan a él por cuenta propia. Prefiere que la gente no salga del círculo vicioso de la subsistencia, que permanezca encerrada en esa angustia las 24 horas del día.
Una tarde, hace ya unos años, llevé a Abilio Estévez a Casa de Teatro. Avanzábamos por la calle Padre Billini, atardecía en el corazón colonial de Santo Domingo. A un lado y al otro, la gente compartía en los colmados (bodegas). Nadie andaba sin camisa, nadie manoteaba ni gritaba, todos parecía disfrutar de ese momento.
“Los cubanos no tienen acceso a ninguno de esos placeres", me dijo Abilio y empezó a señalar cosas con la punta del dedo, como si estuviera dejando una enumeración por escrito. Hoy, al leer que el régimen de Raúl Castro “ha cancelado de forma definitiva la entrega de licencias para varios negocios privados”, recordé aquella escena.
En la Resolución del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), se advierte que “no se concederán nuevas autorizaciones para un grupo de actividades hasta tanto concluya el perfeccionamiento del trabajo por cuenta propia”. Dicho en otras palabras, Cuba se detiene otra vez para que los cubanos no avancen.
Los que tenían pensando arrendar una vivienda, pueden olvidarse de ello. El que pretendía vender croquetas, debe abandonar su sueño. El que tiene arte para remendar autos destrozados y quería poner su propio tallercito, es mejor que vaya buscando otra cosa a la que dedicarse. La lista es larga, la de las prohibiciones quiero decir.
Una vez más el Estado cubano reafirma que, además de privar a sus ciudadanos de sus libertades individuales y sus derechos fundamentales, también está dispuesto a intervenir sus sueños y cualquier ansia de mejoría en el futuro.

28 jun. 2017

Con Luisito

En esa foto aparecemos Luis Alberto García, Bladimir Zamora y yo. Fue justo en el momento en que nos reencontramos en La Habana, después de 10 años sin vernos. Las cosas tienen movimiento, decía Fito Páez en una canción inolvidable y nosotros aquí parecemos darle la razón. 
Digo todo esto porque hoy, después de que Luisito tomara en cuenta los últimos sucesos, algunos se le tiraron al cuello de su reputación. No faltó quien lo atacara de una manera tan burda, que no dejo otra opción que no fuera la de perderle el respeto. 
¿Cuándo aprenderemos los cubanos a tolerar y a permitir que alguien piense diferente a nosotros sin tener que ofenderlo? Sí, sé que nos adoctrinaron para que actuáramos así; pero no iremos a ninguna parte —como pueblo, quiero decir— si seguimos repitiendo la historia una y otra vez. 
Luisito, además de ser una persona que quiero mucho, es uno de los artistas más admirables que he conocido en mi vida. Su sensibilidad no le cabe en el cuerpo y su talento como actor me hace sentir orgullo de haber nacido en el mismo país que él. 
Denigrarlo por sus opiniones es, cuando menos, estúpido. Y esa es la única palabra que se me ocurre para calificar a quien con tanta saña y poca gracia le han descalificado.

23 jun. 2017

La tatagua

Esta enorme tatagua vivió con nosotros tres días. Quien advirtió su presencia fue Dino. Empezó a ladrarle a una de las esquinas del comedor y no descansó hasta que yo levanté la vista y la vi. Parece que aprovechó la madrugada para marcharse.
Nunca le dije que el campamento de pioneros al que me llevaban en mi infancia tenía su nombre. Estaba en la costa, junto a una caleta. El aire allí siempre olía a verano, como Santo Domingo ahora.
Una vez mi padre me acompañó. Recuerdo que consiguió un bote y remamos hasta la desembocadura de un río. A lo lejos, en las bocinas del campamento, se oía una machacona canción sobre un niño vietnamita.
Donde quiera que esté, le doy las gracias por todos los recuerdos que me dejó ahí, en lo alto, en una esquina del comedor.

22 jun. 2017

Matecumbe*

El aire gris y la sal transparente.
Los sonidos del Golfo 
y la luz 
que, 
a nuestras espaldas,
marcaba 
el camino de regreso.
¿Cuánto nos falta para llegar?,
preguntaste con los pies
contra el vidrio de la tarde.
¿Acaso nos fuimos alguna vez?,
te respondí,
mientras me cubría
de los rayos de un blues.

Cuando llegamos al final
de Matecumbe,
ya sobre el canal,
miraste el reloj,
me tomaste
de la mano
y dijiste que aún
estábamos a tiempo.
La luz, cada vez más lejana,
parecía darte la razón.
Ya en Isla Morada,
el aire gris y la sal transparente
habían desaparecido
por completo.
Nos quedamos a solas
con los sonidos del Golfo
y la escasa claridad de una guitarra
que estaba a punto de apagarse.

*Cada vez que hablo con alguien en estos textos, es con Diana Sarlabous. Ella siempre va a mi lado, en el asiento del pasajero, conduciéndome por la ruta. No recuerdo la fecha en que escribí este poema, debió ser al final de uno de nuestros viajes a Key West. Me canso tanto en ese trayecto —por la distancia y por lo que disfrutamos—, que siempre acabo haciendo algo para poder dormirme. Ese, con toda seguridad, es su origen.

21 jun. 2017

Alfredo Zaldívar prueba que estoy vivo


Al fin puedo compartir una noticia que recibí, con euforia, hace semanas. Las Ediciones Matanzas tienen en imprenta Prueba de vida, una antología de los libros que he publicado fuera de Cuba y de poemas aún inéditos.
La selección y el prólogo están a cargo de Alfredo Zaldívar, quien también fue el editor de mi primer libro (Las canciones se olvidan, Ediciones Vigía, 1991) y es una de las personas que más he llegado a querer en mi vida.
La última vez que se publicaron poemas míos en Cuba fue en 2004, gracias a Cintio Vitier, quien incluyó una selección de mi libro Itinerario (2003) en su revista La isla infinita. Volver a mi país, primero de la mano de Cintio y luego junto a Zaldívar, es una felicidad demasiado grande. 
La portada, —con un fotograma de Buster Keaton— es obra de Johann Trujillo, quien también forrajeó los tipos de letra y diseñó el interior. Recuerdo claramente el día de 1990 en que Zaldívar me fue a buscar a la estación de Matanzas y me llevó a la Casa del Escritor para que leyera en voz alta.
Ahora esperó por mis poemas y los llevó a la imprenta. Ya perdí al Paradero de Camarones; pero entre el San Juan y el Yumurí aún tengo un apeadero y no dudé en bajarme.

La mayor distancia entre dos lugares*

El río creció con las lluvias de la noche
y no autorizaron la salida de los botes.
Lo vimos de lejos,
como si fuera una diapositiva
en el telón de fondo de El zoo de cristal.
Luego, caminando entre las ruinas
de la ciudad vacía,
buscamos el edificio de los Wingfield.
Traté de encontrar
la escalera de incendios
donde Tom se reserva algunos trucos
y se guarda algún as en la manga.
Nos cruzamos con una multitud
que iba camino del Busch Stadium.
Todos llevan camisas rojas
y perros disfrazados.
Jugaban los Cardenales
contra los Gigantes de San Francisco.
En un semáforo, un negro
con las manos llenas de rosas azules
nos ofreció tickets para el partido.
El frío había llegado antes
de que se encendieran las luces
y la tarde se mantuvo alerta
hasta que el umpire
dio la voz de “¡a jugar!”.
Respirábamos el mismo aire
que los personajes
de Tennessee Williams,
por fin sabíamos
a que olía su desesperación.
El juego aún no había terminado
cuando volvió la lluvia.
¿Recuerdas la escena
en que Tom asegura que el tiempo
es la mayor distancia
entre dos lugares?
Lo comprobamos aquella noche,
mientras corríamos de regreso
a la habitación donde nos esperaban
nuestras pertenencias,
es decir,
lo que nos diferenciaba de aquella gente
que  subía borracha
a bailar en el techo del hotel.
Al final vimos algo en la televisión
para dormirnos.
Nos servimos un último bourbon,
quitamos el volumen
 y abrimos las cortinas.
El mundo estaba iluminado
por los relámpagos
cuando St. Louis
se apagó como una vela.

*Hace poco, Diana Sarlabous y yo nos pasamos tres noches en Saint Louis. Estoy revisando todo lo que escribí en esos días y me parece demasiado, sobre todo porque nos pasamos casi todo el tiempo fuera del hotel. Me imagino que este poema se me ocurrió cuando caí en cuenta que tenía delante el escenario de El zoo de cristal, una de mis obras de teatro preferidas.

6 jun. 2017

Defilló por Boán

Desde finales de los años 80 del siglo pasado, envidio a los que han tenido la oportunidad de participar en procesos creativos con Marianela Boán. Aunque ella me comenta regularmente lo que está haciendo e incluso me escucha cuando le digo mi opinión, tuve que esperar hasta 2017 para hacerle un aporte real.
Siendo del todo honesto, debo compartir ese mérito con Diana Sarlabous. Porque fue entre los dos que le presentamos a Jarabacoa. Y allá arriba, en ese valle que tanto inspiró a Fernando Peña Defilló, la coreógrafa encontró por fin los resortes que necesitaba para traducir a gestos la obra de su pintor dominicano preferido.
Poderle enseñar a Marianela los manteles que tienden los cibaeños al sol, el sombrero de neblina del Mogote y la confluencia del Jimenoa con el desbocado Yaque del Norte, es para mí más que suficiente. Ese solo hecho me deja a mano con queridos amigos que bailaron, actuaron, pensaron o escribieron obras con ella.
La crítico de arte Marianne de Tolentino aseguró alguna vez que “por la originalidad y la firmeza de su estilo, la precisión y el vigor de su inspiración, la seguridad y el refinamiento de su oficio, Fernando Peña Defilló es un artista que, de manera incomparable, ha gestado un mundo de sensaciones visuales, personales y sociales”.
Esa misma frase, palabra por palabra, pudiera repetirse a propósito de Marianela Boán. De ahí la trascendencia de Defilló, la más reciente obra de la coreógrafa de origen cubano. Sobre el escenario, con el mismo ímpetu que lo hacen el Yaque y el Jimenoa, confluyen dos poéticas que siguen un mismo curso a través de las claves del ser caribeño.
Además de todos los valores de la obra, en ella también se puede apreciar el que es quizás el mayor aporte de Marianela Boán a República Dominicana. La Compañía Nacional de Danza Contemporánea ha alcanzado ya una destreza técnica y una madurez tal que sus bailarines ya están a la misma altura de los mejores del mundo y son capaces de hacer sus propias coreografías.
Intuyo a Defilló como un punto de giro en la obra de Marianela Boán, como el comienzo de una nueva etapa a la que, conociéndola como la conozco, exprimirá hasta sacarle todo el jugo. Quizás esa es la razón por la que, en una escena de su magistral homenaje a Fernando Peña, hace que partan naranjas sobre una mesa.

5 jun. 2017

Iván Cañas y José Lezama Lima, como dos extraños

Estoy escribiendo un texto sobre las dos veces que Iván Cañas y José Lezama Lima se encontraron.  Lo tengo casi listo, pero no me atrevo a ponerle el punto final. Sé que le falta algo importante, que hay un detalle esencial que aún se me escapa.
Fue en La Habana de 1969. Cuba entera permanecía movilizada en los cañaverales, tratando de producir 10 millones de toneladas de azúcar. Como fotorreportero de una revista, Iván fue enviado a Caibarién —un pueblo de la antigua provincia de Las Villas— a retratar la gesta masiva.
Pero el joven artista acabó captando expresiones individuales, rostros aislados, cubanos que no tenían otra cosa que ofrecer que no fueran sus vidas cotidianas. Aquel material, gracias a la asesoría del maestro Raúl Martínez, acabó convirtiéndose en uno de los ensayos fotográficos más valiosos de la Cuba de la segunda mitad del siglo XX.
Pero Raúl y mucho menos Iván estaban seguros de ello. Necesitaban una tercera opinión y fueron a la calle Trocadero 162, donde vivía el autor de Enemigo rumor, a enseñarle la maqueta del libro donde se publicarían las imágenes (que hoy —dicho sea de paso— forma parte de la Colección del Museo Reina Sofía).
Entonces, el joven fotógrafo tenía 23 años y el escritor unos 59 que pesaban más que 70. Habían compartido el mismo espacio por 30 años, pero solo coincidieron dos veces; aquella y otra más, en un jardín del Vedado. Gracias a esos encuentros hoy sabemos cómo era el Lezama que se encerró (que encerraron).
En una de las fotos, Lezama suelta una carcajada. A juzgar por lo que le escribe a su hermana Eloísa en las cartas de esos meses, fue un escaso momento de alegría: “todos hemos sido víctimas de la estupidez, de la miseria y la confusión de nuestra época”, dice unos párrafos antes de comentar los avances en Paradiso.
Por eso las fotos de Iván, además de enseñarnos al corpulento hombre que la censura y la ignorancia trataron de encubrir, nos revelan lo que resultaba invisible en ese momento. Y ese es, creo, el gran valor de la obra de Iván Cañas, que siempre miró hacia donde nadie más miraba.
Ahora le voy a llamar por teléfono, quiero que me cuente, con sus propias palabras y con lujo de detalles aquellos dos encuentros. Pero antes quise escribir este post. Aquí empieza el final del texto que escribo. Iván y Lezama, como dos extraños, están a punto de reencontrarse.

1 jun. 2017

Cubiletes

Miguelito Cuní retratado por Mario García Joya en 1970.
Mi tío Aramís
tiene un vaso de cuero
con cinco dados.
Los sábados
en la mañana
bebe ron,
oye a Miguelito Cuní
y juega cubiletes.

Cada vez que traga alcohol
clava el vaso bocabajo,
para que nadie vea
la suerte que dejaron
al caer
negros y gallegos,
jevas y cundangos,
carabinas y ases.

—¡Tú no juegues conmigo
que yo como candela! —Grita,
mientras usa la mesa
como un tambor.
Luego abre los brazos
y baila sin moverse del lugar.

Cuando el ron
y la música se agotan,
Aramís abandona el juego.
Jamás averigua
si tuvo suerte
o salió derrotado.
Apenas cierra los ojos
y deja que Cuba
desaparezca de sus recuerdos.

31 may. 2017

Los viajes en mi provincia explicados por un autobús*

Vengo de una provincia donde nuestros abuelos viajaban con más comodidades que nuestros padres, nuestros padres viajaban con más comodidades que nosotros.
Nosotros viajamos con más comodidades que nuestros hijos, nuestros hijos viajan con más comodidades que nuestros nietos, nuestros nietos viajarán con más comodidades que nuestros biznietos…
Si la historia no cambia, nuestros tataranietos ya no podrán moverse.


*La Ranchuelera fue una línea de autobuses que conectó a la antigua provincia de Las Villas con La Habana en la Cuba de los años cincuenta del siglo pasado.

25 may. 2017

Sunday Post-Dispatch

Fue la noche que corrimos
bajo la lluvia de Missouri.
Sobre los andenes vacíos
flotaba ese viejo olor
que la noche
deja en las ciudades
antes de abandonarlas.
Yo apretaba tu mano
como si la corriente
del río,
arcaica y silenciosa,
pudiera arrastrarnos.
Solo las luces del stadium
permanecían encendidas
cuando alcanzamos
el portal del hotel.
Aquella lejana claridad
nos bastó
para volver a decir
las cosas que repetimos,
todos los días,
más o menos a la misma hora.
Luego,
caminando
entre las penumbras
y los edificios abandonados,
intercambiamos saludos
con estatuas,
tranvías
y barcazas.
Todavía no eran las diez
y Saint Louis ya dormía
como un pequeño pueblo.
Ahora no recuerdo
si nos quedamos allí
o nos fuimos
en aquel largo tren
cargado de maíz,
neblina y polvo.
Solo tengo claro
que apretaba tu mano
como si la corriente
del río,
arcaica y silenciosa,
pudiera arrastrarnos.

24 may. 2017

Regresar a casa

Ayer en la tarde, en una sala de espera del aeropuerto de Miami, avisaron a los pasajeros con destino a La Habana que su puerta de embarque había cambiado. Pocos minutos después, hicieron el último llamado para Santa Clara. No había pasado ni media hora cuando anunciaron un vuelo a Cienfuegos.
Diana seguía en la televisión las declaraciones de John Brennan, exdirector de la CIA, sobre una posible connivencia entre Rusia y miembros del equipo de campaña de Donald Trump. Yo, todavía despidiéndome de Saint Louis, oía a John Lee Hooker.
Para tratar de ponerme al día, abrí algunas de las páginas que visito regularmente y, en Diario de Cuba, di con el poema “Mi patria” de Abilio Estévez. Como el texto tenía otra música, puse al blues en pausa. Cuando llegué a la última palabra, volví al principio:
“Y aquí estoy finalmente y como debe ser, en mi patria. La encontré en cualquier camino. Solo se precisa andar, navegar mucho para encontrar la patria. Esta misma casa de Long Hill Road, por ejemplo, junto al Passaic River. La tierra que no conquisté, por la que no luché…”.
Todavía tenía a las palabras de Abilio dándome vueltas en la cabeza cuando llamaron al próximo vuelo: “Pasajeros con destino a Santo Domingo, por favor, dirigirse a la puerta D 43”. Entonces advertí cuán lejanas me resultaban ya La Habana, Santa Clara y Cienfuegos.
Solo cuando oí el nombre de la ciudad donde sueño y me despierto supe que había llegado el momento de regresar a casa.

4 may. 2017

La foto al pie de los sucesos

Explicamos esta imagen según el relato de los que defienden a la dictadura de Venezuela: el pueblo oprimido (representado por unos vehículos de guerra blancos) se defiende de una minoría de escuálidos que pretende derrotarlo (representada por una marea humana).